
Archivo General de la Nación
Dirección Nacional de Patrimonio Cultural,
Consejo Nacional para la Cultura y el Arte
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CONCULTURA |
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Es la institución rectora de los archivos de El Salvador. Entre sus
funciones, además de organizar, preservar y poner al

servicio de la sociedad la consulta de los documentos que atesora en su rico
acervo, debe de normar y regular los archivos del gobierno central, municipales,
privados y particulares.
Fue creado en octubre 4 del año de 1948 por decreto legislativo núm.
161, durante la administración presidencial del general Salvador Castaneda
Castro. Se constituía así en una nueva institución dependencia
del Ministerio de Cultura, hoy Ministerio de Educación. Pero no fue antes
de 14 años de su creación que inició sus funciones, bajo
la dirección del profesor Julio Alberto Martí. Comenzaba entonces
una nueva etapa en la ardua labor de rescate y preservación de la documentación
histórica y la administrativa emanada de las oficinas públicas.
El 26 de enero de 1962 empezó su labor como una subdirección de la Biblioteca Nacional, sus oficinas se ubicaron entonces en el edificio de la Gran Logia Masónica -Cuscatlán-. El profesor Martí se encargó de organizar una oficina provisional de la subdirección, para lo que solicitó, en calidad de préstamo a la Escuela Normal España y al departamento de Teatro Escolar, dos escritorios y otros accesorios de oficina.
La creación del Archivo General de la Nación no fue el primer esfuerzo hecho para dar vida a un archivo destinado a custodiar los documentos históricos que emanan del Estado.
En la época colonial las instituciones del poder público y eclesial tuvieron archivos que custodiaron la documentación de diversas instancias de su jurisdicción. Los ayuntamientos y las parroquias guardaron con mucho celo la correspondencia, libros copiadores y otro tipo de documentos que dan cuenta de la sociedad de aquella época, lastimosamente a causa de las comunes inundaciones, conflictos bélicos, incendios y terremotos que suceden en la región centroamericana, buena parte de estos papeles desaparecieron. Para ventaja nuestra y de los actuales historiadores, parte de la documentación que se generaba en la provincia de San Salvador y alcaldía mayor de Sonsonate se resguardan hoy en el archivo municipal de Sonsonate, en el AGN y en algunos archivos municipales, eclesiales y judiciales; así también, parte de esos documentos fueron archivados por la real audiencia y el obispado de Guatemala, actualmente se encuentran en el Archivo General de Centroamérica y en el archivo del Obispado de Guatemala.
En la intendencia de San Salvador, poco después de la Independencia, la documentación continuó resguardada en el Palacio del Ayuntamiento. En la época de la Federación Centroamericana hubo un archivo federal. Este archivo tenía como sede la ciudad de Guatemala, pero a causa de continuos conflictos que asolaron a la región centroamericana en esa época, el archivo de la naciente Federación Centroamericana deambuló de un lugar a otro dependiendo donde se establecía la sede del gobierno. Un tiempo estuvo en Sonsonate, otro en San Salvador, razón por la cual el archivo municipal de Sonsonate y el Archivo General de la Nación resguardan documentación de la Federación Centroamericana.
En 1824 ya se había creado una oficina de archivo del Ministerio General, la que se dedicó al acopio de documentos que procedían de los ministerios recién creados. Años después, durante la presidencia del doctor Francisco Dueñas se fundó el Archivo General, llamado también Federal, en el se resguardó la documentación de la Colonia, de la Federación y la de los años que llevaba la república. Todo ese proceso de organización documental fue truncado por el desastre que se ocasionó en el Palacio Nacional, lugar en el que el Archivo General tenía sus oficinas y depósitos.
El 19 de noviembre de 1889 a la medianoche, fue destruido por el fuego el Palacio Nacional, y como era de esperar también el acervo que resguardaba el Archivo General o Federal, los archivos de los poderes supremos, de la Corte Suprema de Justicia, de los tribunales de Hacienda, del Ministerio General, el de Gobernación y otros.
Después de la catástrofe, parte de los documentos rescatados fueron custodiados en la casa del archivero Fernando Ayala, quien al dejar sus funciones en 1891 entregó un inventario de 159 legajos. Otra parte de la documentación recuperada del incendio fue trasladada al Museo Nacional, Biblioteca Nacional y Universidad. Poco después, en septiembre de 1891 desapareció el Archivo General o Federal, se asignó entonces para la custodia de los documentos del archivo del gobierno y de la oficina de Circulación y Canje, al señor Matilde Paniagua. La oficina de Circulación y Canje estaba bajo la dirección de doctor Alberto Luna, quien puso mucho interés para la organización de un nuevo archivo.
Al año de sucedido el incendio, Carlos Rivera, el nuevo director de la oficina de Circulación y Canje, presentaba un inventario de los documentos y demás papeles del Archivo Nacional que se salvaron en la madrugada del 20 de noviembre. Este inventario fue elaborado por el doctor Luna, en el cual se obtuvo la lista de valiosos libros e impresos que sobrevivieron a las llamas. Documentación que ahora es parte del fondo Quemado del acervo del AGN.
A partir del informe que presentó el señor Carlos Rivera al Ministerio de Gobernación, acerca de las actividades realizadas en el año de 1890, se sabe que el Archivo General funcionaba con un archivero general que ganaba 80 pesos mensuales, un escribano que ganaba 25 pesos mensuales, y un portero que ganaba lo mismo que el escribano.
De los años siguientes no se tiene mayor información de cómo fue organizado el Archivo General, fue hasta junio de 1915 que por acuerdo ejecutivo se establece en la Universidad un Archivo Histórico, bajo la dependencia del señor Víctor Jerez, rector de la Universidad. Siguiendo la memoria de Instrucción Pública de ese año, se puede constatar que el Archivo General fue organizado en la escuela de Medicina.
Los materiales que resguardaba dicho archivo se pueden conocer a través del índice que formuló Rafael V. Castro y que fue publicado por varias entregas en el Diario Oficial, entre marzo de 1917 y agosto de 1920. La documentación consistía en ocho tomos de manuscritos y once tomos de documentos impresos. Actualmente esta documentación se encuentra en el Archivo General de la Nación formando parte de los fondos Colonial, Federación e Impresos.
En estos años el Archivo Histórico adquirió documentos y obras referentes a la historia de El Salvador, sobre todo a través de personas particulares, entre ellas el doctor Alberto Luna, quien vendió en 1915, una colección de documentos históricos centroamericanos compuesta de 17 tomos y valorada en tres mil pesos. Ahora podemos suponer que se trata de documentación de la época de Federación, que actualmente se encuentra formando parte del fondo de ese mismo nombre que resguarda el AGN.
En 1917, nuevamente el doctor Luna realiza una venta al Archivo, en esta ocasión se trató de los manuscritos inéditos del segundo y tercer tomo de Recuerdos Salvadoreños de José Antonio Cevallos, Las Cartas de Indias, publicadas en 1877 por el Ministerio de Fomento de España, y tres tomos de los Historiadores Primitivos de Indias, editados en 1749, todo por un monto de 1500 pesos, según consta en el Diario Oficial del 11 de enero de 1917.
Ocho años mas tarde, en 1928, se creó el departamento de Historia, como dependencia del Ministerio de Instrucción, se creaba a fin de hacer estudio, fomento y conservación de los documentos y objetos históricos que ilustren la vida de la república de El Salvador en todas sus épocas y en los diversos ramos de civilización y cultura. Fue nombrado como director de este departamento Antonio E. Sol, quien en informe de 1930, publicado en la revista del departamento de Historia de marzo de 1930, expresa que entre sus labores estuvo la organización del Archivo Nacional, constituido por los documentos que resguardó el Archivo Histórico de la Universidad Nacional, los cuales fueron trasladados a uno de los departamentos de la subsecretaría de Instrucción Pública.
Aun en esta época, la documentación resguardada en el Archivo era poca, además se encontraba en condiciones muy deplorables, las palabras del director del departamento de Historia, el señor Sol lo expresa: No puedo resistir el deseo de decir al señor subsecretario, que lo que tan orgullosamente llamábamos Archivo, no era mas que un hacinamiento de papeles, algunos destruidos por las aguas, el polvo o por el fuego
Además de las labores históricas realizadas por el departamento de Historia, se sabe que hubo una encuesta que giró el departamento de Historia a alcaldías y gobernaciones departamentales para saber de la documentación que poseía cada una de ellas. El resultado de la encuesta permitió asegurar que existen documentos de inapreciable valor histórico del periodo colonial, casi todos ellos relativos a la distribución de tierras.
En ese entonces, el director del departamento de Historia preocupado por la situación en la que se encontraban los documentos históricos fue de la opinión que era necesario crear un archivo general de la república al cual lleguen automáticamente libros, diarios, revistas, manuscritos.
Años después, en 1948 como hemos rememorado al comienzo de esta historia, el Archivo General de la Nación fue fundado. Empezó a funcionar con un grupo pequeño de empleados. Según la ley de Salarios de 1961 se establecía la partida para el personal del archivo: Un subdirector, un secretario, un jefe de catalogación y clasificación y tres auxiliares archivistas.
A partir del año de 1962 cuando el AGN inició su funcionamiento, fue publicado un boletín cuyo nombre fue Repositorio. En su primera época, este boletín publicó cinco números, los cuales eran de una hoja de papel.
El profesor Martí, murió mientras tenía el cargo de director del Archivo, a su muerte fue nombrado director, el archivista y bibliotecario Rodolfo Ramos Choto, quien continuó con la publicación de Repositorio. En esta segunda época, que data de 1968 a 1976, se publicaron 10 números, otros dos quedaron listos para la imprenta. Repositorio había dejado de ser una hoja suelta, y pasó ser una revista seria y muy interesante de ciento cincuenta o más hojas, en las que se publicaron inventarios, catálogos, transcripciones de documentos e interesantes artículos de Archivística e Historia.
Entre los años de 1962 a 1967 el Archivo General de la Nación funcionó en varios lugares, primero como ya lo hemos mencionado, se instaló en el edificio de la Gran Logia Masónica, donde funcionaba la Biblioteca Nacional.
En 1963 fue trasladado al nuevo edificio construido especialmente para la Biblioteca
Nacional, el AGN ocupó el tercer piso del edifico D, en la sexta avenida
norte. En la torre del mismo edificio D se ubicaron los depósitos documentales.
Fue en el año de 1968 que el AGN ocupó unos salones del Palacio Nacional, después de muchos años, aproximadamente un siglo, la documentación del archivo histórico volvía a su antiguo recinto.
En 1985 se promulgó la ley del Archivo General de la Nación, la cual rige el quehacer el Archivo. Esta ley buscó regular adecuadamente las atribuciones y funciones del Archivo. A través de sus veintidós artículos se definen las funciones del archivo, las funciones de los empleados y se constituye como ente coordinador de los archivos existentes en el país, a través del Sistema Nacional de Archivos.
A finales de 1987, siendo director del Archivo Joaquín Salaverría se inició una etapa de reorganización de fondos, secciones, series y colecciones. En esta época avanzó el inventario de la documentación que aun se encontraba apilada en legajos, y se organizó una buena parte de ésta y fue colocada en estantería de metal. Se realizó descripción y catálogos de una buena cantidad de juicios que se encuentras registrados en el fondo judicial.
En 1998, al cumplir el Archivo cincuenta años de su fundación inició una nueva etapa, se nombró directora a la historiadora Eugenia López Velásquez, al mismo tiempo Concultura reconocía la necesidad de modernizar al archivo que resguarda los documentos históricos del país. Se inauguró entonces, un proceso de reorganización y actualización del AGN.
Una de las más recientes e importante decisión del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte -Concultura- fue la de asignarle al Archivo General de la Nación todo el primer nivel del Palacio Nacional, de esa manera el AGN ha ganado mas espacio para transferencias documentales.
La dirección del AGN desarrolla acciones con el propósito de fortalecer al Archivo como un ente normativo, un centro de resguardo y preservación documental, un centro de información al servicio de la ciudadanía y como un centro de investigación obligado para los estudios de la historia salvadoreña. Sobre la marcha de esas metas se desarrollan en la actualidad diversos proyectos: Reorganización de los fondos documentales, avance en el inventario y descripción documental, formulación de la ley del Sistema Nacional de Archivos, realización de un censo nacional de los archivos públicos, particulares y privados del país, automatización de las bases de datos, creación del archivo oral, promoción de transferencias documentales de carácter históricos que aún se encuentran en archivos administrativos de oficinas de gobierno, difusión de la institución y del acervo que resguarda y mejoras al servicio de consulta.
El Archivo General de la Nación se ha sumado al esfuerzo que hacen los archivos nacionales o generales de Latinoamérica para el desarrollo de la archivística regional a través de la Asociación Latinoamericana de Archivos -ALA-; es miembro coordinador del Comité Nacional del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO, y a fin de apoyar el desarrollo de la Historia en El Salvador promueve acciones de difusión e investigaciones históricas junto a la Academia de la Historia Salvadoreña, Seminario Permanente de Investigaciones Históricas y el Instituto de Estudios Arqueológicos, Antropológicos e Históricos de la Universidad de El Salvador.
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